sábado, 9 de octubre de 2010

Historia del títere: los albores del títere en Europa

La semana pasada vimo ya cómo el nacimiento del teatro de títeres lo podíamos situar en el Antiguo Oriente y, en modo especial, a orillas de los ríos Indo y Nilo. Hoy veremos cómo los títeres entrarían a la Europa Occidental a través de la inmensa cultura grecorromana.

Sabemos que en la Antigua Grecia se tenía grande estima por el teatro. Anfiteatros, máscaras y coturnos así nos lo revelan. Quizá fue la máscara que los actores griegos vestían en sus representaciones lo que dió lugar a la evolución al teatro de muñecos, cuando dicha máscara -que servía para per-sonare, esto es, para "hacer sonar" y ser la "persona"- se fue separando poco a poco del actor que la portaba. Sabemos también que el teatro de muñecos convivió junto con aquel de actores de carne y hueso, aunque en un segundo nivel, y que eran comunes las representaciones con títeres de hilo -se les llamó amalgamata neuronpasta en griego, de neuron, tendón o cuerda-.

Platón, por ejemplo, en su obra "La Republica", se sirve en su famoso "mito de la caverna", para explicar el mundo de las cosas que nos rodea como sombras de una realidad superior, de la tradición titeril que existía en la época, pues la realidad de este mundo son como las sombras que los prestidigitadores reflejan en la pared de la cueva.

De esta época han llegado hasta nosotros otro tipo de testimonios. En el año 422 a.C. Xenofonte nos narra la visita de un titiritero a la casa del rico y poderoso ateniense Callias, en Siracusa, por lo que podemos deducir que los títeres en Grecia eran una cuestión de público reducido en medio de un ambiente más bien distendido y festivo y que el titiritero llevaba una vida poco grata y errante, buscando la casa donde mejor pudiera estar pagado.

Aunque no sólo existían las representaciones privadas. de igual modo sabemos que en el siglo III de nuestra era, se representó un espectáculo de títeres en el interior del gran teatro de Dionisios. Ateneo nos narra en su "Banquete de los Sofistas" cómo el pueblo de Atenas "ha prostituido con los muñecos de Photino [que sería el titiritero] la escena en que los autores de Eurípides habían declamado su entusiasmo trágico".

El teatro de títeres pasará después de Grecia a la península itálica, a la Antigua Roma, si bien allí no tendrán la misma fuerza que en Grecia. Sin embargo será en la capital del imperio romano donde se consolidará el nombre de esta nueva forma de comunicación teatral: al muñeco se le llamará ahora immaginunculas animatas, sigillae. Pero el nombre que acabará triunfando será pupae, nomenclatura que está en el origen de la denominación actual italiana, puppo o puppazzo o del inglés puppet. Allí la forma de manipulación era la que hoy todavía se mantiene en Sicilia (puppi), en la que el muñeco de madera poseía piernas y brazos articulados y se movía mediante una varilla metálica unida a la cabeza de la figura.

De Roma se extenderá por fin al resto de Europa, cuestión que nos llevará varios capítulos de esta nuestra recién extrenada sección.

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