lunes, 24 de enero de 2011

Grandes titiriteros: la familia Cuccoli en Italia

Nos trasladamos hoy de nuevo hasta Italia para conocer dos de los grandes titiriteros que han marcado un hito en la historia y evolución del teatro de títeres en Bolonia. Nos estamos refiriendo a Filippo e Angelo Cuccoli, padre e hijo, que por más de setenta años fueron el punto de referencia titeril en toda la comarca de Emilia-Romagna.

Filippo (1806-1872) comenzó su aventura como titiritero en 1831, en la principal plaza de la ciudad. Su hijo Angelo (1834-1905) heredaría la afición por los muñecos articulados, siendo el continuador en la historia de la tradición titeril de su padre hasta el año 1903. Hubieran faltado, por tanto, menos de treinta años de trabajo para que su producción titeril cumpliera el siglo de vida en la historia del teatro de títeres italiano.

Nuestros titiriteros se tomaron muy en serio eso de la cultura en una época difícil en la que Napoleón había prohibido la utilización y los juegos de máscaras. Bien sabemos ya que las máscaras han tenido un papel especialísimo en Italia para la consolidación de los títeres. Por eso la familia Cuccoli no se arrendó en las prohibiciones, y continuó dando forma a los títeres a partir de las más célebres máscaras de su zona en la época. Así, con las expresiones faciales de las máscaras existentes y con su más excelente ingenio dieron lugar a sus personajes, todavía populares en la mente de los boloñeses, entre ellos Faggiolino -reflejo de los pobres boloñeses de la época, siempre listo a abatir al enemigo con su garrote- y Sganapino -un pobre ajusticiero, que siempre cubre las espaldas a Faggiolino, y cuyo garrote era una imponente escoba-.

Los Cuccoli no escribieron nunca sus espectáculos en un guión. Simplemente hacían un breve esquema con las características esenciales de los personajes y la trama general que debía seguir el espectáculo. A pesar del carácter improvisatorio, a sus montajes no faltaban grandes personalidades del mundo de la cultura, literatos, artistas e ingenieros, tal como parecen narrar los periódicos de la época.

sábado, 15 de enero de 2011

La commedia dell'arte

Siguiendo nuestro recorrido por la historia del teatro de muñecos, no podemos por menos de detenernos en lo que ha supuesto, para la evolución del títere, la apotación de la Commedia dell'arte italiano del siglo XVI.

En tan solo diez años, entre 1570 y 1580, se consolidó en Italia una nueva forma de hacer espectáculos teatrales (Marco Goldoni es el primero que utiliza el término en 1570 en su comedia "Il teatro comico"). A diferencia de la época dorada del teatro inglés de Shakespeare, en la que los actores debían declamar y ser enteramente fieles al guión prestablecido por el director, los italianos descubrieron un nuevo modo o "profesión" de hacer "comedia" (pues "arte", en italiano, tiene esa connotación de profesionalidad para interpretar papeles alegres y bufonescos, "cómicos"). Y ese nuevo modo no era otro que la improvisación. Esta nueva tendencia en el hacer teatro destaca en su originalidad no porque los escenarios fueran reducidos a la mínima expresión artística y hechos con pocos objetos, sino por la utilización de bellas y expresivas máscaras.

Este tipo de teatro nació por la aparición de las "compañías" teatrales, antes inexistentes. Los actores que ahora se agrupaban lo hacían ya de modo profesional, y no como un recurso de subsistencia precario. Las nuevas compañías actuaban improvisando un pequeño guión que se escribía a modo indicativo, a cambio de una retribución económica en recompensa a su trabajo artístico. Y los actores ahora llevaban unas máscaras identificativas de su personaje -como habían hecho siglos atrás los griegos- y que pronto se difundieron por toda la geografía italiana y europea.

Esas máscaras-personajes se hicieron rápidamente famosas. Todos los que asistían al teatro sabían diferenciar a primera vista a sus personajes favoritos, identificados con las máscaras y los atuendos característicos de cada uno: Arlecchino (en la fotografía), Capitano, Pierrot, Pantaleone, Zanni o Pulcinella, entre otros, que pronto formarían parte de la cultura teatral, pasando de espectáculo en espectáculo de los guiones de diferentes directores de escena. Es decir, un Arlecchino, bien podía ser el protagonista de un guión de Carlo Maria Maggi o del ya citado Marco Goldoni. Lo importande era ahora el personaje y su psicología, no quién lo había creado, y que estaba completamente "sumergido" en la cultura teatral de la época.

Así, con el auge de estas máscaras, Italia volverá a revivir, una vez más, después de la consolidación de la commedia dell'arte, el mismo proceso que tuvo lugar con las máscaras atelanas del teatro de la Antigua Roma. Así, las máscaras de Arlecchino y Pantaleone pasaron a formar parte después de los espectáculos titeriles, cuando la máscara se convirtió en una pequeña cabeza que, cubierta con un traje que tapara la mano del manipulador -y que de igual modo reproducía el atuendo característico del actor-, haría de protagonista ahora en otro escenario: el proscenio del teatro de títeres. Y lo harían también con una excepción: si bien los antiguos personajes del teatro de actores han desaparecido en el olvido, los personajes titeriles de la comedia del arte no han muerto, sino que permanecen vivos todavía hoy en numerosas compañías titeriles.

A partir de estos personajes, que de la commedia dell'arte han pasado al arte de los títeres, se producirá un desarrollo ulterior al teatro de muñecos. Los rasgos tan típicos y característicos de estos personajes, identificables cada uno desde el punto de vista visual, darán lugar a nuevas familias de títeres en Europa a partir de evoluciones debidas a la cultura del lugar donde nacerán cada una de ellas. De ello iremos hablando en futuras entregas de nuestra "historia del títere".

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Desde "El Papamoscas": ¡Feliz Navidad!

La familia de los Conejitos está un poco nerviosa al llegar la Navidad. A Camelín se le ha metido en la cabeza que esta Nochevieja en vez de comer doce uvas, él quiere tomar doce taquitos de zanahorias, "¡qué para algo somos conejos", dice. "¡Ya, pero yo soy pequeñito y me atraganto!", replica su hermanito Empanada. "Además, una tradición es una tradición", añade con ojos tristes.

Y mientras esperan que Gigantín solucione pronto el asunto -como siempre- e impida a la malvada bruja Pirulí estropear el Reloj de la "Puerta del Sol Feliz", los cuatro hermanitos (Camelín, Empanada, Dimas y Gruñón) junto con el héroe de la grey infantil os desan que paséis una muy Feliz Navidad mientras iluminan para vosotros el gran árbol navideño del Bosque de la Felicidad.

También os desean, desde el humilde pesebre de nuestro Teatro de Títeres "El Papamoscas" que estos días os colmen de alegría y que la dulzura de ver nacer al Niño os haga cada vez más felices. Con nuestro más sincero deseo para tí y los tuyos: ¡Feliz Navidad!

jueves, 2 de diciembre de 2010

Historia del títere: Los motion-men del siglo XVII

Retomamos hoy nuestra sección de historia de los títeres. Desde su solidificación en Europa en la Edad Media, el teatro de muñecos sufrió importantes evoluciones en los distintos lugares del continete, dando lugar a figuras características de cada región, acontecimiento que los historiadores del teatro de títeres denominan como el nacimiento de las diferentes familias de títeres.

El espectacular empeño que pusieron en el siglo XVII los grandes dramaturgos en Inglaterra, entre los que destaca sin lugar a dudas el gran William Shakespeare, tuvo también su reflejo en el teatro de muñecos. A éstos, los estudiosos los llaman títeres isabelinos.

En efecto, en la época de Isabel I, sabemos que a los títeres los llamaban motions, y a los actores encargados de dotarles de vida motion-men, hombres haraposos que recorrían el país al lado de bandidos, gitanos y ladrones, sufriendo en muchos casos la persecución de las autoridades del orden de la época, que querían acabar con la vaguería reinante en la época.

Aparte de esas pequeñas represalias "policiales", los titiriteros de la Inglaterra de Isabel I tuvieron que sufrir también las continuas persecuciones de los puritanos, el grupo de protestantes que quería "purificar" todo resto de influjo católico en el país y conseguir un estado de moralidad absoluta, por lo que el teatro fue uno de sus principales objetivos por considerarlo como un engendro del demonio. Aún así, a la reina le gustaba tanto el teatro que les fue difícil acabar con él del todo.

Los motion-men manipulaban casi con total seguridad muñecos de guante, pues los testimonios que nos han llegado hasta nuestros días nos narran espectáculos de peleas y de porrazos en la cabeza. Uno de esos lo encontramos en la obra teatral de Ben Jonson (en la fotografía) "La feria de Bartolomé", donde se narra la fiesta que tenía lugar en la fiesta del santo en Londres. En la obra vemos cómo un hombre llamado Leatherhead se coloca frente al retablo hablando con los muñecos, en medio de la algarabía de la feria. Un reflejo teatral de lo que podía suceder realmente en la vida cotidiana londinesa.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Títeres famosos: Carozo y Narizota

Hace ya algunos meses que no hablábamos de títeres famosos. Y como nuestro público al otro lado del Atlántico continúa a crecer, retomamos hoy esta sección cruzando el charco y viajando hasta Argentina para conocer a Carozo y Narizota, dos extravagantes muñecos que desde hace más de treinta años inundan la televisión en el país.

El creador de estos simpáticos personajes es Jose Luis Telecher. Él mismo sabe que para que los personajes tengan éxito, el manipulador tiene que desaparecer de la escena: "quiero que los muñecos tengan vida propia", le gusta afirmar a Telecher.

Narizota es “una garrapata mutante, o más bien un capricho de la naturaleza", un tanto burlón y cínico. Nació a finales de los años 70, más concretamente en 1978, para la televisión argentina Canal 13, de una original idea del productor Julio Hiliana. Narizota comenzó así su andadura televisiva en programas dedicados a un target infantil. Más tarde llegaría su amigo Carozo, un simpático perro de color azul celeste con un simpático y grande hocico. Con el pasar de los años, nuestros amigos se fueron separando poco a poco del público pueril y se fueron situando en programas destinados a un público cada vez más adulto, llegando a conducir su propio espacio dentro del programa Crónica Tv.

Pero mejor que leer sobre su historia, mejor es que nos la cuenten ellos mismos. ¡Con este homejane a todos los titiriteros de Argentina que nos leen desde la lejana y hermana América Latina, os dejamos con los simpáticos Carozo y Narizota!

domingo, 7 de noviembre de 2010

Grandes titiriteros: Richard Teschenr

Dentro de esos grandes titiriteros que han marcado la historia del teatro de títeres, hoy citaremos a alguien un tanto desconocido a nivel de cultura general, pero un gran punto de referencia para los estudiosos del mundo de los muñecos articulados. Hoy conoceremos a Richard Teschenr (1879-1948), famoso titiritero austríaco, importante por introducir en Europa la técnica de manipulación del wayang indonesiano.

Sin duda, Teschenr fue un titiritero original. Gracias a su condición de esposo de una noble mujer rica, Emma Bacher-Paulik, se vió libre de todo tipo de presiones fiscales, pudiendo dar rienda suelta a su imaginación en la creación de sus diferentes espectáculos.

En 1906 fundó su propia compañía de muñecos en Viena. Pero fue a partir de su viaje a los Países Bajos en 1911 cuando su vida como profesional titiritero dió un cambio radical. Allí, unos exploradores holandeses le mostraron los tesoros que de Java habían traido en una de sus expediciones, entre los que se encontraban algunos muñecos de la técnica de manipulación propia de Indonesia: los wayang, títeres de varilla inferior.

Fue así como, con su ingenio, consiguió introducir en el viejo continente la nueva técnica de varilla, dotándole de características singulares, y moviendo los nuevos muñecos en su no menos curioso escenario: el figurenspiegel. Se trata de un pequeño proscenio cubierto con un cristal circular y algo convexo. Detrás del mismo, espacio para tres actores manipuladores que manejaban sus muñecos de varillas, pudiéndolos apoyar en un tablado con muescas, manejando así los brazos y las piernas de los mismos. Así, con la ayuda de humo y otras sustancias químicas de colores, y con increíbles efectos luminosos de colores, se lograban espectaculares imágenes detrás del vidrio, haciendo que sus funciones fueran aplaudidas por numeroso público. Público que, además de agradecer semejante regalo a la vista, agradecía también la generosidad de Teschenr, pues, debido a su fortuna, pudo tener el lujo de con cobrar entrada a sus espectáculos.

Teschenr es, por tanto, un genio que ha sabido innovar con una vieja técnica de manipulación oriental, sabiendo adaptarla a las exigencias del público occidental de la época con imaginación y habilidad. Un inmenso trabajo que no se ha perdido tras su muerte. En 1941, Klaus Behrendt, creó una fundación, para que su patrimonio no se perdiera, recuperando sus figuras y restaurándolas, para que todos los que pasen hoy por el Museo Nacional de Viena, puedan contemplarlas y seguir disfrutando de ellas como lo hicieron los austríacos hace medio siglo.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Historia del títere: La Edad Media, la palabra "títere" y la Iglesia

Antes de la caída del Imperio Romano, el cristianismo ya era la religión oficial de aquel complejo sistema romano de derecho y cultura. La desaparición del imperio el año 476 con la llegada de los bárbaros, cambió radicalmente la antigua estructura de Europa y el cristianismo se convierte en la única institución capaz de mantener el "orden" en el nuevo maremagnum de poblaciones y reinos que invaden el continente.

La Iglesia heredó la tradición titiritera de los antiguos romanos y, con recelos en algunos casos -por el peligro de caer en la idolatría-, utilizó los muñecos en la Edad Media para evangelizar a pobres y analfabetos. El arte cristiano y las representaciones que de Cristo, la Virgen o los santos que llenaban los templos de la época, fueron el origen de la buena estima que, muy pronto, los eclesiásticos, tomaron por los muñecos articulados. Como ya hemos relatado alguna vez en nuestro blog, los títeres y la Iglesia fueron de la mano a menudo en esta época fascinante de la historia.

Imágenes de Cristos articulados que movían sus manos para representar escenas de la Pasión en los autos sacramentales de la Semana Santa o pequeñas Vírgenes que se movían en acción dramática para enseñar a los fieles los misterios de la encarnación de Jesús son comunes en muchas iglesias -ejemplo de ello es nuestro Santo Cristo de Burgos, en la Catedral-. De hecho, muchos estudiosos del teatro de títeres, sostienen que el origen de la palabra francesa marioneta sea precisamente ese, la "petite Marie" o "pequeña María" que llenaba los retablos de las iglesias galas.

Sin embargo, la denominación de marioneta en castellano no tuvo jamás utilización fuerte. En la baja Edad Media castellana -ya bien entrando el Renacimiento- encontramos los primeros testimonios escritos que nos hablan ya de "títeres". El Tesoro de la Lengua Castellana de Sebastián de Covarrubias nos ofrece indicios del origen de esta palabra, al caracterizar el sonido que los actores-manipuladores solían realizar con ayuda de una lengueta colocada en la boca: "ti-ti". En 1524 Bernal Díaz del Castillo, nos narra cómo en su expedición, Hernán Cortés llevaba en su nave, para entretener a la tropa, un hombre que "jugaba de manos y hacía títeres", con lo que entendemos que el uso de la palabra se puede remontar varios años atrás en la historia.

En la Edad Media también encontramos los primeros testimonios gráficos sobre la existencia de este arte en la época. La más famosa data del 1140. Se trata de un grabado -en el Códice "Hortus Deliciarum"- en el que se muestra a dos jóvenes manipulando sendas figuras que representan guerreros con escudos y espadas; un claro ejemplo de cómo la técnica del Bavastel ya era común en la época, en una transición del paso del títere de hilo al de guante.

Sin duda, el títere de guante nació en esta época, y no antes. En un pequeño grabado de Johan Grise (1344) podemos contemplar un claro ejemplo de un teatro de títeres de guante, en el que los muñecos se baten con cachiporras. La necesidad de crear muñecos ligeros y sencillos estaría a la base del nacimiento de la técnica del guante. Los juglares tuvieron que buscar nuevos métodos para poder viajar de una aldea a otra con equipajes ligeros y de poco espacio.

Sin duda, el arte de los títeres -en especial la manipulación de guante- adquirió en la Edad Media una evolución. Este asentamiento en Europa será crucial para que el muñeco de guante vaya adquiriendo personalidades propias en cada región, dando lugar a las diferentes "familias" de títeres. Pero eso es otro capítulo, que nos tendrá ocupados por varios meses.

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